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Salkantay: el otro camino a Machu Picchu

MARÍA HELENA TORD

El tradicional Camino Inca que parte de Ollantaytambo no es la única ruta para llegar a Machu Picchu. La travesía que recorre el abra del gran nevado Salkantay, la segunda montaña más alta del Cusco, es una singular caminata de cinco días, que se inicia desde el poblado de Mollepata, camino a Abancay y a tres horas del Cusco, en una ruta que lo lleva desde el abra del nevado, a una altura de 4.600 m.s.n.m hasta la selva alta de Machu Picchu.

HACIA EL ABRA
El primer día comienza con una corta caminata a una pequeña laguna de aguas cristalinas coronada por uno de los glaciares de la cordillera del Vilcabamba, donde se vive en un profundo silencio interrumpido solo por el sonido del agua.

Este lugar está dominado por las aguas turquesas de los manantiales que contrastan con el blanco de la nieve y el intenso celeste del cielo serrano. El territorio nevado del Salkantay nos regala un paisaje único coronado por picos nevados, donde nos sentimos realmente diminutos. La caminata continúa y a cada paso nos sorprende un hermoso escenario, donde la naturaleza es la gran protagonista.

El segundo día de viaje entramos a Salkantay Pampa, a 4.200 m.s.n.m., territorio coronado por la gran montaña. La traducción de Salkantay es el indomable; y, como saben muy bien los andinistas, muy pocos han logrado llegar a su cima. Cuentan que una expedición japonesa ha llegado a dominarla. El Salkantay es famoso entre los andinistas por sus constantes e impredecibles avalanchas que han cobrado vidas de varios escaladores.

Luego de una inclinada pendiente llegamos al abra del Salkantay, donde un cartel y las apachetas (marcadores de piedra) colocadas por los viajeros nos indican que estamos a 4.549 m.s.n.m.

Miramos a nuestro alrededor y parece que estamos muy cerca de tocar la nieve y llegar a la otra cara del nevado Tucarhuay, donde se puede disfrutar del panorama que nos regalan nevados como el Pumasillo, que están a 6.100 m.s.n.m. junto a otras montañas de la cordillera del Vilcabamba.

La caminata continúa, esta vez en bajada, y con el paisaje cambiando a cada paso. Observamos cómo los nevados de Vilcabamba nos muestran una cara diferente a medida que avanzamos en la ruta.

Dejamos atrás la imponente presencia del nevado Tucarhuay para adentrarnos en el bosque nuboso.

DESCENSO A LA SELVA
El camino en bajada nos va conduciendo hacia el bosque donde las orquídeas, las mariposas, los frondosos árboles y las caídas de agua que se cruzan por los senderos naturales nos anuncian la presencia de la selva y el paisaje, cada vez más verde, se apropia de las montañas.

El cruce del río Santa Teresa anuncia la llegada a nuestro próximo destino: Collpapampa, donde respiramos más profundo, el sol nos acoge, dejamos atrás los nevados y el bosque nos recibe. Es hora de descansar y de contar estrellas fugaces.

Continuamos el viaje y al día siguiente nos adentramos en el bosque hasta tomar el Camino Inca que nos conduce al complejo de Llactapata, punto de control inca, una especie de tambo desde donde logramos divisar el Huayna Picchu y las andenerías de la ciudadela, logramos ver lo que llaman la espalda del complejo inca, otra mirada y otro camino para llegar a nuestro gran destino final: Machu Picchu. Bajamos por la hidroeléctrica y dejamos atrás los senderos recorridos.

Recordamos a nuestro compañero de ruta, el Salkantay y el bosque nuboso es el nuevo hábitat. Miles de imágenes y noches estrelladas se nos vienen a la mente y llegamos listos para deslumbrarnos con el gran santuario inca.

Fuente: http://elcomercio.pe

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